lunes, marzo 06, 2006

Irada

En un día cualquiera te levantas de la cama y, sólo al poner un pie en el suelo, ya sabes que tendrías que volver a ponerlo bajo las sábanas junto con tu doblada mente.

Pero no lo haces y sigues caminando.

Porque piensas que podrás pisarlo todo con tu paso firme y que las palabras se volverán humo al pasar por tus oídos, que las malas vistas se borrarán de tu ventana al ver que tu te asomas y que todo lo horrible se esconderá debajo de la alfombra como en aquellos infantiles cuentos.

Pero no es así como funciona el (tu) mundo.

Y sigues caminando mientras manos de dedos largos te tiran de la ropa, mientras bocas que conoces te escupen a la cara, mientras lenguas viperinas te sueltan todo su veneno acumulado, mientras ojos rojos de rábia siguen mirándote con desprecio sin un claro sentido.

Es entonces cuando sólo puedo mirar a mi alrededor y agradecer que hoy todavía no me haya levantado.